A un año del re-inicio

Ya pasó un año. Aquel 13 de junio de 2021 volvía a pisar tierras españolas, primero en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, para hacer conexión hacia Málaga. Tiempo muy justo entre que bajé de un avión y abordé el siguiente. Unas 16 horas después de haber dejado Buenos Aires, finalmente arribaba a esta ciudad andaluza que me supo atraer en noviembre de 2019 cuando en un instante se me cruzó la frase «Creo que Málaga es una ciudad en la que me gustaría vivir». La había dejado 4 días después de haberla visitado por primera vez, y regresé en julio de 2020, el día 17, para quedarme hasta el 11 de diciembre, con una idea muy diferente de la ciudad, de mí, de mi contexto, de la energía que representaba y significaba todo para mí.

A finales de noviembre y principios de noviembre de 2020 comenzaba una secuencia de eventos que me llevarían a hacerme muchos replanteos, a notar que tenía la brújula descalibrada en mil aspectos, a sentir que, a pesar de grandes amistades que hice y hasta hoy perduran, la ciudad me repelía, me alejaba. Sentía que ya no había sitio para mí ahí. Paradójicamente, tuve que retrasar mi vuelo a Buenos Aires 2 días, como si hubiera algo que me quisiera retener, pero al mismo tiempo, me sentía expulsado de todo. Esa ciudad que me había enamorado, se había convertido en una flor marchita en mi alma.

No había estado convencido de volver a Argentina, salvo porque quería pasar Navidad con mi familia, pero las complicaciones harto conocidas por semejante suceso global me habían hecho dudar. No quería quedarme retenido allá, en mi tierra natal. Sin embargo, los episodios que experimenté el último trimestre del año, sobre todo llegando a diciembre, me hicieron sentir urgencia por reconectar con mis afectos. Lo necesitaba. Y también necesitaba la soledad.

A los dos días de aterrizar en Ezeiza fui a caminar desde Belgrano hasta el Planetario, en los bosques de Palermo. Era un día caluroso y completamente despejado. Al llegar, me senté, me acomodé y, organizadores del Planetario me acercaron lentes oscuros que me permitirían ver con mis ojos el eclipse de Sol en Sagitario que tenía lugar esa tarde.

Mañana es luna llena en Sagitario, en el mismo grado donde ocurrió el eclipse de diciembre de 2020, y puedo notar que muchas verdades se cayeron desde aquel entonces hasta ahora. La dirección de mi vida mutó profundamente, incluso más de lo que había cambiado cuando me fui en abril de 2019. Muchas cosas que creía verdaderas ya no tenían sustento. Tampoco tenía claridad alguna acerca de cuál era mi camino a seguir. Sólo estaba queriendo aislarme para conectarme conmigo, en una época muy espiritual y mística. Me había perdido. Había salido con una ilusión en 2019 que volvió bastante rota en 2020, pero con grandes aprendizajes. Una nueva crisis de fe, una nueva alquimia emocional, una nueva oportunidad de renacer. La astrología aparecía en mi vida con gran fuerza.

Enero de 2021 me encontró haciendo un trabajo de limpieza interna, obsesivamente, purgando con lágrimas el dolor por la frustración, sintiendo profundamente y lamiendo mis propias heridas con la clara intención de salir fortalecido de esa situación.

Me rodeé de personas que me han ayudado muchísimo a transitar ese período, que me dieron lugar donde quedarme, donde recibirme, donde hacerme sentir bienvenido. Familia, amigos, nuevas personas que aparecían en mi vida…

A fin de mes, y tras haberlo analizado mil veces, me fui a uno de mis lugares favoritos en el mundo: la Patagonia argentina. Mi destino era la ciudad de El Bolsón, a unos 250km al sur de Bariloche, ciudad a la que llegué en avión tras unas casi 2 horas de vuelo. Desde ahí me fui a la estación de buses y aquí comenzó lo inevitable de mi destino; los cambios repentinos. Había un incendio en la ruta que unía a estas dos ciudades andinas, y el bus que tenía que tomar cambió la hora de salida al menos dos veces, hasta que finalmente lo cancelaron hasta nuevo aviso. A buscar dónde dormir y no poder llegar a mi lugar de destino cuando lo tenía planeado.

Luego de coincidir con otros afectados por este suceso, con quienes fuimos a parar al mismo hostel en el centro, al día siguiente finalmente pude tomar el bus de las 11 para llegar unas dos horas más tarde a la ciudad que había visitado por primera y única vez en marzo de 2014. Otro momento de mi vida de gran introspección.

Me dirigía a un hostel al que había contactado para trabajar como voluntario. No sabía cuánto tiempo podría quedarme. Todo estaba supeditado a cómo lográbamos vincularnos. Apenas entré, me estaban esperando con un almuerzo exquisito, y ya ese mismo día supe que ahí me podría quedar los 15 días que tenía estipulados antes de volver a Buenos Aires y luego a Málaga, el 14 de febrero.

A medida que los días pasaban, más feliz me sentía. Era yo. Sentía que era valorado, estimado, reconocido. Tan simplemente por ser. Ya cerca del 31 de enero había surgido la posibilidad de emprender una nueva aventura a unos 500km más al sur todavía, en un recóndito pueblo llamado Gualjaina. Estaban por empezar un nuevo proyecto de bioconstrucción (el mismo método utilizado para construir el hostel en el que estuve como voluntario). Lo dudé unos días, hasta que terminé decidiendo que tenía que ir. Esto implicó cambiar mi regreso a Málaga de febrero a abril, y cambiar, lógicamente, mi regreso de Bariloche a Buenos Aires. Más cambios. Más sorpresas. Más libertad. Todo muy uraniano, y yo aprendiendo a tomar consciencia de mi ascendente en Acuario.

Si los días que había estado en El Bolsón habían sido un refresco mental y emocional, la semana en Gualjaina implicó un cambio fuerte de paradigmas.

Conectar con otras 22 personas tan diferentes, con formaciones y experiencias de vida tan diversas, y estando todos ahí, era una indicador de que había algo que nos unía a todos, y eso era la necesidad de hacer las cosas de otra manera, de conectar con la tierra, la sustentabilidad, la consciencia colectiva. Fue una dosis de esperanza.

La experiencia de aquellos días fue sumamente interesante. La primera noche dormí a la intemperie, al refugio del cielo patagónico, envuelto en una bolsa de dormir y vestido con ropa térmica. A pesar de ser verano, cuando las temperaturas pueden llegar a los 35 grados durante el día, la noche traía consigo un fuerte descenso de temperatura, que oscilaba entre algunos grados bajo cero y 5-7 por encima. Recuerdo quedarme dormido viendo trazos de estrellas fugaces atravesando el Universo.

Las jornadas comenzaban temprano, alrededor de las 7:30. El frío gélido de la mañana me motivaban a entrar en calor de alguna manera, haciendo algunos saludos al sol o algunos estiramientos y movimientos livianos.

Desayunábamos alrededor de las 8, café, avena y pan casero con mermelada casera que hacía Milena, la persona encargada de alimentarnos todos los días a nosotros. 8:30 o 9 a más tardar,  poníamos manos (literalmente) a la obra. Hacer zanjas para poner neumáticos de camiones, alinearlos entre sí, rellenarlos de piedras y volver a nivelarlos. 10 días para hacer una pared de 10 líneas apiladas de neumáticos rellenos que llegan a pesar unos 150kg cada uno.

No voy a explayarme demasiado en todos los detalles de esa semana, ya que eso es una historia en sí misma. Sí puedo concluir que tras esa experiencia, me fui renovado y resignificando muchas cosas.

Una semana más tarde volví al hostel y 2 días después regresé a Buenos Aires, donde me quedé 10 días para luego ir a Mendoza a visitar a mi hermana por 15 días y presenciar el nacimiento de mi sobrina, su hija.

Los meses de diciembre a marzo fueron álgidos, de mucho movimiento emocional. Eran micro desgarros que fortalecían los músculos de mi alma.

Se acercaba el 12 de abril lentamente, día en el que volaría de vuelta a Europa. Después de despedirme de todo el mundo, pero sin sentir que me despedía de nadie, el 10 de abril me notifican que mi vuelo se había cancelado, y no tenía fecha prevista para viajar. Otra vez la incertidumbre. Volaría recién dos semanas después, pero ese y otro vuelo más también fueron cancelados. Mis planes de volver a tierras ibéricas se desmoronaban, los compromisos que había asumido por los cuales me esperaban tuvieron que ser reprogramados, con los inconvenientes y frustración que eso generaba. Para más, aunque por suerte en soledad, también contraje el famoso virus pandémico que paralizó al mundo. No fue para nada grave, aunque duró 10 días, y que también me generó, otra vez, una gran movilización interna. El miedo se había hecho presente por combinación de muchas causas, y eso me llevó a este aislamiento involuntario, que aproveché para terminar la lectura del libro Rayuela, de Julio Cortázar, aquel 25 de mayo de 2021, en el balcón de Palacios 98, en Ramos Mejía, departamento que me vio nacer y donde viví 22 años de mi vida. Departamento al que difícilmente vuelva alguna vez.

Ese libro lo había empezado a leer a principios de 2019, antes de lanzarme por primera vez a lo desconocido. Lo terminé en el momento adecuado, y ha servido de gran inspiración para muchas cosas que hice luego.

Ya recuperado de mis leves síntomas, se acercaba nuevamente la fecha de mi regreso. Vuelo confirmado.

Me despedí, esta vez sí, de todos otra vez, para aterrizar en Málaga y ser recibido por grandes amigos que han sido un gran soporte durante todo ese tiempo.

Mis planes originales se habían modificado, y no sabía qué hacer estando de vuelta en esa ciudad que sentí que me había rechazado, y que en ese instante sentí que me había vuelto a recibir con los brazos abiertos. Se sentía un poco como estar en casa.

Esa misma tarde, luego de mi largo viaje, recibí una llamada; Puedes venir la semana que viene, me preguntaban, a lo que respondí, Sí, claro. Ahí estaré. Esa idea que venía elucubrando desde octubre de 2020 y había sufrido cambios repentinos en abril y mayo, se hacía realidad. Me iba a ser voluntario a una finca en Zahara de la Sierra, con la idea de quedarme dos meses o tres al máximo. Nuevamente, el trabajo interno que hice entre diciembre y marzo rendían sus frutos. Estaba en el lugar que necesitaba y había querido estar, sintiéndome bien, en contacto con la naturaleza, la tierra y el cielo. Me sentía con la libertad de compartir mis ideas, mis puntos de vista, tanto con mis compañeros como con los huéspedes. Con muchos de ellos generé lazos muy buenos.

Una de mis intenciones de principios de año se hacía realidad. Hablaba de astrología ante un grupo de al menos 10 personas. Eran 11. Una luna llena en Acuario, que lucía resplandeciente detrás del castillo de Zahara de la Sierra. De noche, con un clima agradable al lado de la piscina, hablaba durante más de una hora acerca de lo simbólico de esa lunación, ante la escucha atenta de las personas que habían participado de un retiro de yoga. Al finalizar, y aunque me genere algo de incomodidad y rubor, recibí aplausos y agradecimientos. Para ellos, había sido una masterclass. Para mí, había sido compartir con pasión una interpretación que nos puede ayudar a todos (cada uno a su manera) a transitar y comprender mejor los procesos de vida que atravesamos.

Tenía el espacio para ser. Me hice el espacio donde fui reconocido y valorado. No era mi ego el que buscaba eso, sino mi alma expresándose por haberse liberado de las restricciones del ego.

Me quedé 6 meses en la finca. En ese tiempo pasaron muchas cosas, muchos cambios, muchas conexiones. Conocí a una persona con la que se creó una electrizante conexión en la noche de las Perseidas, el 12 de agosto del 21. Fue una noche donde vimos las estrellas fugaces no sólo en el cielo, y esa conexión se mantuvo, aun a la distancia, por varios meses, aunque en lo personal no estaba listo para sostener nada con tanta incertidumbre en mi vida. Preferí el camino individual para evitarle dolores futuros y no salir del foco que tenía puesto en mí, después de tantos años y tantas veces en los que tendía a olvidarme de mis deseos y necesidades.

Tuve también momentos de cierta angustia, frustración o tristeza, en noviembre. Hasta que en diciembre me fui de la mejor manera, agradecido por haber estado ahí todo ese tiempo.

Una breve parada en Málaga y continuar el viaje hasta Madrid, por una semana, para luego ir a Sevilla por 3 noches y a Cádiz por 2 noches. Era 20 de diciembre aproximadamente. Voluntarios que estuvieron en la finca en abril (cuando yo tendría que haber estado), estaban ahora en el hostel de Cádiz donde me hospedé esas dos noches. Por ellos fui, y por ellos conversé con el encargado para preguntarle si podría estar también como voluntario a partir del 2 de enero. Accedió, regresé a Málaga para pasar una Navidad atípica (solo) y el año nuevo con mis amigos y sus amigos.

Cádiz me acogió bien desde principios de año, y hoy, día en el que escribo estas reflexiones en un intento de resumir lo que pasó en este último año, sigo como voluntario, aunque con más responsabilidades.

Mi camino de crecimiento y autoconocimiento continúa. La incertidumbre me acompaña. Pero la inestabilidad, aunque sigue existiendo, ya no parece ser tanta. Hace un año estoy, por lo menos, en la misma provincia, y estuve principalmente en dos lugares: Zahara de la Sierra y Bahía de Cádiz. ¿Por cuánto tiempo más? Difícil saberlo. Aun no me siento listo para sentar base en ningún lado.


Algunas cosas que escribía antes del viaje

10/04/21 – Antes de mi primer vuelo cancelado

Y me va cayendo de a poco la ficha. Tal vez porque ya rompí mis miedos más fuertes hace dos años, en abril también, pero de 2019, cuando mi vida estaba por dar un giro muy importante. El entusiasmo, la motivación, el miedo y el coraje al mismo tiempo… Todo eso sentía entonces. «Abril, emociones mil». Fue algo que escribí apenas subí al avión en ese día 29 en el que daba comienzo a una nueva etapa de mi vida, a vivir mil vidas más, a entremezclar las múltiples líneas de tiempo, las dimensiones, el subibaja vibracional, las vidas acá y allá, arriba y abajo. Dejaba todo, e iba por todo. Un proyecto compartido, de una gran intensidad, de vivencias expansivas y evolutivas que llegó a su fin en diciembre de 2020.

El inicio de un mini ciclo entre enero y marzo, de conexión conmigo a través de la conexión con otros. De autenticidad y expresión desinhibida.

Vuelvo a estar cerrando una etapa, para arrancar otra, con perspectivas diferentes, con una mochila llena de experiencias y herramientas, con un deseo latente, vital, de seguir en la búsqueda, hasta que me dé cuenta internamente que todo eso que busco está dentro mío. Que mi hogar es el mundo, y que el mundo, el cosmos, soy yo. Porque yo soy, todo lo que me proponga. Soy la conjunción de mi pasado con mi futuro, en este presente impermanente, los ciclos sin fin, el desdoblamiento del tiempo y el mar de estrellas, esta luna en Piscis que vuela sumergiéndose en el mar de fantasías e inspiración poética.

Bajo a tierra. Aprendí. Que las ilusiones son el combustible de los deseos, que la pasión es el medio, y que la vida es el camino.

Arranco este nuevo capítulo de mi historia, ahora de forma individual. Con la valentía de intentarlo otra vez, con la resiliencia de quien no se acobarda ante las aparentes adversidades de la vida, que no son más que grandes aprendizajes para seguir creciendo.


11/04/21

A un día de viajar, de comenzar una nueva etapa, de dar por fin inicio a un ciclo que depende sólo de mí, de moverme impulsado por mis deseos, lo que me inspire, lo que resuene conmigo. De priorizar mis elecciones, sin tener que acordar nada con nadie… Alineado a esta luna nueva en Aries que se perfecciona hoy a la noche, con tanta energía de aire y fuego.

Arrancar, finalmente, por mí, y para mí…

Es lo que me gustaría escribir realmente. Pero mi vuelo fue cancelado por restricciones a causa del covid, y pude reprogramarlo para el 26. Si es que no se cancela todo para entonces….

Es curioso todo… Lo intuí, medio que también lo quise, que se postergue al menos una semana… ¿Tanto poder tengo de crear esto? ¿Este era el mejor futuro potencial que mi doble cuántico podía crear? ¿Cuándo la atracción negativa se disfraza de intuición? Por otro lado, ¿es negativo esto? O, como dije ayer, ¿lo que sucede conviene?

Todo sucede por y para algo. No veo los mensajes con claridad en cuanto al propósito que tienen estos cambios. No sé si son formas de indicarme que tengo que pegar un volantazo o si simplemente tengo que aceptar el cambio con gracia.

No me molesta realmente viajar 15 días después. Estuve dudando mucho respecto al regreso a España. Ya desde poco antes de salir de Málaga sentía que no volvería. Estando ya en Argentina, cambié mi pasaje una vez y tuve el deseo de cambiarlo otra vez. Y finalmente es lo que se dio. […]


15/04/21

(…) y poder disfrutar de mi tiempo. ¿Para qué quiero ese tiempo, si no sé qué hacer con él? Si estoy sentado, encerrado en casa, en un día de sol radiante, escribiendo estas palabras, analizando, buscando ser mejor cada día, obsesivamente, con meditaciones, hipnosis, regresiones a vidas pasadas, con la esperanza de encontrar mensajes, señales, indicios, de algo que me tranquilice, que me haga sentir que estoy en el camino correcto, que todo lo que vivo es por y para algo, que nada es en vano, que lo que sucede conviene. Y se me pasa el tiempo… haciendo mil cosas y nada a la vez. Y me castigo, me frustro, me siento poco, y me equilibro, me abrazo, me honro por todo lo que avancé y crecí, casi de manera autocompasiva. La contradicción a la orden del día. El caos, ese orden que no entendemos. Las motivaciones por hacer cosas, que aparecen como rayos uranianos atravesando mi cabeza, y Neptuno que los diluye. Como si fueran flechas de fuego cayendo en el agua. Tienen dirección, tienen iniciativa, pero pierden fuerza y caen al mar. Se apagan. Se hunden. Tal vez sea necesario recalibrar la puntería. Tal vez necesite más fuerza. Tal vez necesite actuar. Tal vez, necesite ser. Quien soy. Hoy. Siempre. Presente.


09/06/21

«Para que empieces una nueva vida». Esa fue la frase que me dijo mi mamá al darme un regalo dos días antes de viajar. Esta vez sí. Después de tres cancelaciones de mi vuelo, es momento de volver al viejo continente. Había venido por tan sólo dos meses de visita a Argentina, y entre tanta confusión, tantos cambios, tanta transformación, me terminé quedando exactamente 6 meses. Y esa frase que me dijo ella, me quebró. Porque me expuso ante mis propios miedos. Me expuso ante lo inevitable de mi evolución; volver a dar el salto al vacío, pero esta vez, 100% por mi cuenta. De los sueños individuales a proyectos compartidos, para retomar el camino individual. Para enfrentar el desafío de emprender, de tomar nuevos rumbos, de ser mi propio autosostén. De ponerme cara a cara ante mí y preguntarme «¿Cuáles son tus PROPIOS deseos? Es hora de ir por ellos.»

Empezar una nueva vida: segunda parte. Lo vivo como un reseteo, un borrón y cuenta nueva, un repaso, una revisión, una repetición. Volver a empezar, con todo lo aprendido, con lo asimilado. En aquel momento, fines de abril de 2019, me iba con ilusión, entusiasmo y la confianza de descubrir herramientas y capacidades propias que eran desconocidas. Hoy miro para atrás y observo todo el camino recorrido, todo lo experimentado, las mil vidas, el paseo por Galicia, el recorrido por el norte de España, las horas diarias buscando a quién sacarle y venderles fotos en Ibiza, la frustración, el miedo al rechazo, la soledad en Alemania, la niebla, la confusión, el comienzo de 2020 en Praga, perdido, los viajes en tren atravesando Polonia, el voluntariado en el hostel de Moscú, la sensación de apatía por momentos, el viaje en el transiberiano, el frío helado de Siberia, los 30 grados bajo cero en el lago Baikal, el ajetreo del movimiento constante, el escape de la pandemia hasta llegar a las Azores, refugio del virus por 5 meses, paraíso natural, la desconexión de mí mismo, de mis deseos, de lo que más quería, la paradójica sensación de gratitud, el retorno a Málaga, la ilusión, la fantasía de estar bien en pleno derrumbe de lo que me rodeaba y la vuelta a la ciudad que me vio nacer. El fin de un ciclo. El fin de muchos ciclos. El comienzo de otro, en 2 etapas muy marcadas. Diciembre 2020 – Junio 2021. Eclipses solares en Sagitario y Géminis. ¿Coincidencias? No lo creo.

Hoy veo todo lo aprendido y veo con claridad todas aquellas capacidades y talentos que descubrí. La versatilidad, la adaptabilidad, la capacidad. Sí, puede sonar un poco soberbio, lo sé. Pero ya es momento de hacerme cargo, de dejar de castigarme, de soltar el perfeccionismo y de buscar el reconocimiento ajeno. Al fin y al cabo, soy un canal de lo que la vida pide de mí. Y sigo trasmutando, transformándome profundamente a través de mis vínculos, de mis viajes, de mis estudios, de mi propio autoconocimiento. Sigo en proceso de expansión en este Puromundo, para manifestar mi Purocosmos interior.


12/06/21 El día del vuelo

En pleno vuelo, finalmente, cruzando el Atlántico, a mitad de camino entre Buenos Aires y Madrid, donde haré una breve escala para combinar con otro vuelo, a Málaga. Exactamente 6 meses pasaron desde que llegué a Buenos Aires hasta que despegué nuevamente para regresar a España.

Viajo solo, pero me siento acompañado. Soy un busca, un inconformista y un idealista. Busco la expansión de mi yo superior transformando mi subconsciente, indagando en la profundidad de mi psique, a través del mundo, de las culturas, de los viajes, de los vínculos.

Pensaba hace un rato… Caigo a Málaga, me buscan unos amigos que me hospedarán amablemente por una semana. ¿Y después? No tengo idea. Presiento mucho movimiento por venir. Tal vez la turbulencia que tuve hace un rato me despertó esta consciencia de lo inestable e incierto que se aproxima. En realidad, no se aproxima, sino que se profundiza.

Estoy un poco disperso. Me pongo los auriculares para aislarme del ruido del avión y concentrarme.

Llego a Málaga, y no sé qué haré. Me siento curiosamente tranquilo, y no sé si es exceso de evasión o confianza real. Claro, Mercurio retro en cuadratura a Neptuno en Piscis. Esa tensión sí se puede ver.

[…]

Paso 1 de este aprendizaje: hacerme responsable de mis decisiones sin machacarme. Nota mental: planificar mejor la próxima vez. Acción a tomar: fluir con la vida, confiando en que más allá de la tensión entre mis deseos y mis pensamientos, de la confusión dominante a nivel global, y de los cambios inesperados que estoy y estaré viviendo, es necesario para mi evolución aprender a nadar en un mar bravío, con tranquilidad. Todo pasa.

Explotaré mis virtudes y talentos, y aprenderé nuevas cosas. Me adaptaré a los cambios de corriente.

Paso 2: buscar, buscar y buscar. A eso vine. A eso salí, de nuevo, de la monotonía. Abrazar mi ascendente. Abrazar mi polaridad uraniana. Sea por decisión consciente o por destino, el cambio es constante e inesperado. Acción a tomar: ponerme creativo.

Paso 3: Stop the mind. Let yourself shine. Sol y Mercurio en Géminis sobre mi casa 5. Venus y la Luna en Cáncer sobre mi casa 5. Marte en Leo sobre mi casa 6. Tres elementos. Dejando de a poco el aire y flujo mental de Géminis para sumergirme en el agua de mi mundo interior y mostrar mi brillo en mi día a día. Acción a tomar: ser auténtico.

-32. Atravesando el invierno

Alguno se preguntará qué es el «-32» del título de esta publicación. Es una especie de juego de coincidencias, de contrastes e incluso de contradicciones. Confuso, ¿no? De eso se trata. De la confusión, la incertidumbre y lo difuso de las emociones que experimenté durante parte de mi viaje desde que dejé Argentina en abril de 2019.

«-32. Atravesando el invierno» es el título que elegí para mi fotolibro en el que relato en imágenes lo vivido entre noviembre de 2019 y febrero de 2020, viajando desde Alemania hasta Rusia, pasando por Austria, Chequia y Polonia.

Al salir de mi país, llevaba conmigo una mochila de 55 litros y un gran entusiasmo por lo que me había animado a hacer; un cambio en mi estilo de vida, dejando atrás la estabilidad para aventurarme en un viaje en el que fui en busca de concretar mis sueños.

La fotografía me acompaña desde que nací, ya que mi padre, Aldo Frongia, es reportero gráfico hace más de 45 años. Sin embargo, fue en 2011, a mis 24 años, cuando empecé a «sentir» internamente la motivación por este arte. Desde entonces, mi interés fue en aumento, y entre tanta lectura, estudios y viajes, me di cuenta que esta era una de mis pasiones, a la cual quería dedicarle mucho más tiempo. En 2015, al regresar de un viaje fotográfico que hice por mi cuenta a Europa, sonó en mi cabeza: «Tengo que irme de acá y viajar para disfrutar más de la fotografía». Fue en 2018 que esta idea cobró fuerza, y en enero de 2019 lancé la moneda al aire cuando compré mi pasaje de ida a Barcelona; el sueño empezaba a hacerse realidad. Pero no todo es tan lindo.

¿Qué hay en el libro?

Una historia de 64 páginas y una serie de más de 70 fotografías tomadas en diferentes lugares, en las cuales se refleja no sólo la belleza de los paisajes, o los contrastes de las ciudades, sino principalmente el estado anímico en el que me encontraba en cada momento. Fotos de larga exposición como manera de exteriorizar mi sensación de movimiento constante, o paisajes desolados como expresión de la sensación de vacío. Todo está librado a la interpretación de cada espectador.

Los lugares que visité.

Este tramo de mi aventura inició en Ulm, Alemania, (ciudad donde nació Albert Einstein) a mediados de noviembre de 2019. Estuve viviendo en Lauterbach, un pequeño pueblo alemán entre Mertingen y Weitingen, en la región de Bavaria, más o menos cerca de Augsburgo, y a una hora y media de Munich. Desde allí visité Füssen (un pueblo en la frontera entre Alemania y Austria), Salszburgo y Viena. Dejé tierras germanas el 30 de diciembre, combinando trenes con el Bayern Ticket que me permitieron llegar hasta Cheb, una de las ciudades checas limítrofes hasta donde se puede llegar con dicho boleto, y desde allí otro tren hasta Praga. Fue un viaje de casi todo un día, pero por muy poco dinero. Y viajar en tren por allí es una linda y tranquila experiencia.

En la capital checa estuve 5 días, donde pasé año nuevo en uno de mis peores momentos. Una gran confusión y tristeza me invadía en muchos aspectos. Desde allí tomé un bus hasta la bella ciudad de Breslavia, Polonia, donde estuve tan sólo 3 días, para luego viajar en tren a la hermosa Cracovia.

Luego, nuevamente en tren para llegar a la ciudad capital de Polonia, Varsovia. En aquel trayecto conversé con un señor, polaco, que estaba viajando por trabajo. El intercambio fue muy interesante y enriquecedor, ya que quedaban expuestas las diferentes formas de estar viviendo la vida. La suya, tradicional, típica, de la estabilidad, el trabajo y el deber ser. La otra, la que yo había elegido; viajar, conocer. Ninguna está bien ni mal. Creo que son etapas de cada uno, motivaciones diferentes y procesos evolutivos distintos. Como expreso en el libro, lo que viví aquellos 3 meses fueron de los más intensos en mis últimos años. ¿Quién podría decir que eso es «bueno» (o «malo»)?

Volviendo al viaje, la última ciudad de Polonia que visité fue Gdansk, que tiene uno de los principales puertos del país con salida al mar Báltico.

Abandoné Polonia en bus con destino a Kaliningrado. Una porción de tierra «anexa» al territorio principal de Rusia. Estuve sólo un día en esta ciudad, ya que fue el nexo para volar a Moscú de manera más económica, ya que es un vuelo interno.

En la capital de Rusia estuve 15 días durante los cuales estuve trabajando por intercambio en un hostel; organización de eventos, preparar comida para los huéspedes y fotografía de interiores. Una experiencia muy divertida, que finalizó el día 31 de enero, cuando emprendí mi viaje hacia Ekaterimburgo en el tren transiberiano. En el siguiente enlace pueden ver más detalles de esta aventura transiberiana.

El objetivo principal de este viaje a Rusia era ir al lago Baikal, plena Siberia. ¿El motivo? El festejo de 50 años del padre de mi gran compañera de vida. Así surgió todo, como cuento al principio de esta publicación o aquí.

Allí, el paisaje en febrero es casi desolador, inhóspito, infinito. Las temperaturas rondan los 25 grados bajo cero como norma. Es por esto que todo el lago permanece congelado con una gruesa capa de hielo, de hasta 1 metro y medio de espesor.

Foto del último día en el lago Baikal

La experiencia vivida allí es de esas que uno nunca olvida. El contexto, el frío, los paisajes, el proceso interno…

Plena Siberia. Ahí me encontraba. Hasta allí me habían llevado mis sueños.

Tras haber pasado aquellos 8 días entre Irkutsk, Listvianka y la isla Olijón, emprendí el regreso a Ekaterimburgo en avión, donde estuve tan sólo 2 días para después realizar mi segundo tramo en el tren transiberiano hasta la ciudad de Kazán, capital de Tartaristán, un de las 22 repúblicas que componen Rusia. Este trayecto en tren fue más corto, de unas 16 horas, y realizado durante el día.

En esta ciudad, que reúne 3 religiones principales conviviendo en armonía (católicos, musulmanes y judíos), estuve 5 días, tras los cuales realicé mi último viaje en tren (de unas 20 horas) hasta San Petersburgo, la ciudad más europea de Rusia. Aquí estuve los últimos 10 días de febrero, y es donde termina la historia que relato en este fotolibro.


Pueden ver una versión digital (aunque distinta) del libro en este enlace.


Evaluando la calidad del libro

He plasmado materialmente este foto libro con la empresa Saal Digital, con quienes ya había hecho otro el año pasado y quedé asombrado por el resultado. Para ser concreto desde el comienzo, la calidad del producto es excepcional. En este caso elegí la gama profesional, ya que quería darle un toque acorde a lo que cuento con esta serie de imágenes de mi viaje.

El formato para presentar este relato fue el de 30x21cm, con tapa de metacrilato, y con una superficie símil madera gris pizarra. También quería darle una sensación más «premium» o profesional al libro, para lo cual la elección del tipo de papel es fundamental. Basándome en los análisis y sugerencias del blog de Pablo Solano, a quien no conozco más que por haber llegado a su publicación a través del buscador, terminé optando por la impresión digital mate. Y la verdad, he quedado completamente satisfecho. Sin embargo, siento que los tonos negros han quedado un poco empastados, pero esto puede deberse a varios factores, como por ejemplo no contar con un monitor perfectamente calibrado, o no haber utilizado el perfil de color adecuado provisto por Saal. Y este es un tema importante que vale la pena resaltar por dos motivos; 1) el hecho de que Saal ofrezca los perfiles de color (ICC) me parece imprescindible y esto es algo que valoro mucho. Aquí pueden encontrar las instrucciones para utilizarlos correctamente. 2) Cuando se busca un producto de calidad profesional, es súper importante utilizar los perfiles de color correctos, de manera de hacer coincidir la expectativa con la realidad. Para más información, haz clic aquí.

Continuando con el análisis de la calidad del libro, hay muchos aspectos a destacar. La tapa de metacrilato hace que el producto tenga una presencia destacada. Básicamente, es un cuadro montado en la tapa. Si bien es cierto que me gusta mucho cómo queda, puede resultar un poco voluminoso. Pero está bien así. No se puede pretender algo diferente, y esto va en cuestión de gustos y elecciones.

La calidad de las hojas es espectacular. Tienen un gramaje (peso en gramos) de  aproximadamente 280 g/m² que da una sensación muy profesional al tacto.

Otro aspecto importante es que el libro puede abrirse en 180º, lo cual permite que se pueda poner imágenes a doble página sin que el pliegue central resulte molesto.

El acabo de la cubierta también es de alta calidad. Otro aspecto que suma a la sensación de profesionalidad de un producto como este.

Creo que el único aspecto que menos me convenció fue el pegado de las hojas en el interior de la tapa y de la contratapa. Imagino que esto puede mejorarse, pero la verdad es que así como está, es excelente.

Bueno, ahora el tema importante. El precio. Claramente, al optar por un producto de esta calidad, uno espera (y sabe, aunque no quiera), que el costo es elevado. Este libro, de 64 páginas, salió 119,89€. Así que ya saben.

En resumen, aquí pongo los datos generales de la impresión de este fotolibro.

FormatoTapaSuperficie cubiertaPáginasPapelPrecio
30x21cmMetacrilatoSímil madera gris pizarra64Impresión digital mate119,89€

A continuación pueden ver algunas fotos de cómo quedó el libro.


¿Cómo compaginar el libro?

Saal ofrece su propio programa para realizar la maquetación del libro, con 3 opciones: Plantilla en blanco (permite hacer la maquetación a gusto); álbum en un minuto (se eligen las fotos, las dispone en orden aleatorio, sin respetar las relaciones de aspecto y el programa arma todo solo); maquetación automática (es un mix entre ambas opciones).

Lo que no me gusta del programa es que las plantillas disponibles son acotadas y no es muy intuitivo utilizarlas. Sin embargo, hay bastante flexibilidad para hacer una buena maquetación.

Para finalizar, también hay tutoriales que explican cómo utilizar el programa y hacer una maquetación de tu libro para que quede perfecto.


¿Qué es un perfil de color?

Esencialmente, la utilización de un perfil de color ICC (International Color Consortium) es la manera de hacer coincidir lo que se ve en el monitor con lo que sale impreso en el libro. Para ser más exactos, un perfil de color ICC hace que haya correspondencia de intensidades de color entre diferentes dispositivos.


Finalista Fujiadictos Instagramers Marzo 2020

Todos los meses el blog de Fujiadictos lanza un concurso para seleccionar a los mejores instagramers mediante votación del público y en esta ocasión, que es la primera vez que participo, obtuve el segundo lugar, compartiendo podio con Daniel Merino y Sergio Ares. Ambos tienen una gran cantidad de fotografías y una mirada muy interesante, muy diferentes entre sí, así que vayan a ver sus perfiles.

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Volviendo a vos y al mundo

¿Quién hubiera imaginado que se daría semejante caos a nivel mundial por un virus? No es que no haya ocurrido nunca antes. Los hechos más recientes fueron el ébola, el H1N1 y el SARS. O podemos ir hasta 1918, cuando la gripe desatada en España se llevó unas 10 millones de vidas. Ahora, este COVID-19 que se las trae, empujando a casi toda la humanidad al confinamiento y al distanciamiento social. Repentinamente muchos se encuentran entre cuatro paredes más tiempo del imaginado (y deseado); cuatro paredes que ya no son, en muchos casos, las del trabajo, sino las de su hogar. Ese lugar en el que estamos tan poco tiempo. A veces, sólo lo ocupamos para dormir y pasar parte del fin de semana.

Este virus forzó a las personas a refugiarse, a observar más tiempo y con más detenimiento el lugar en el que «vive». A relacionarse casi obligadamente con quienes convive, que en muchas ocasiones resultan casi extraños. También impone el enfrentamiento entre aquellos que comparten el techo pero no la alegría de estar juntos, o incluso la angustia por hacerlo. No hay escapatoria. No podés huir. Sólo te queda aprovechar esta oportunidad de volver a tu hogar, de volver a tu cuerpo (que también es tu hogar) y de afrontar toda la incomodidad que implica estar encerrados durante esta cuarentena.

El planeta nos llevó a esto (y creo que recién empieza) para purgarse, para limpiarse y para invitarnos a revernos, a revisar las consecuencias de nuestras acciones. En tan sólo unos días después del comienzo del resguardo obligatorio, en varias ciudades se empezaron a notar cambios sustanciales en el ambiente; la disminución del tráfico aéreo y el tránsito en las calles permitieron que el cielo se limpiara y pudiera verse más claro, los peces y cisnes volvieron a las ahora aguas claras de los canales de Venecia, desde Santiago de Chile ahora se pueden ver las montañas que suelen quedar tapadas por tanto smog.

Ahora la gente conoce a sus vecinos a través de sus balcones, e incluso se cantan el feliz cumpleaños, o bailan cuando se hacen fiestas entre los edificios en algunos barrios porteños. Se expandió la conexión entre personas físicamente distanciadas gracias a la omnipresencia de internet. Una enorme cantidad de gente se animó a dar y compartir lo mejor de sí en vivo a través de redes sociales, generando lazos inimaginables entre diversos puntos del planeta, en tiempo real, buscando elevar la vibración de la tierra, que simplemente se hartó de tanto maltrato y pide un respiro. Este puromundo que necesita má s empatía de nuestra parte, volver a conectar con la naturaleza y volver a conectar con nosotros mismos. Este puromundo que nos pide por favor «Volvé a tu hogar, volvé a vos. Volvé a cuidarte y a cuidarme. Yo también soy tu hogar».

Foto: @flor.silvawerbach

Publicar en Instagram con mosaicos cuadrados

La gran mayoría de los que usamos Instagram publicamos las fotos en la proporción como fueron sacadas (horizontal o vertical), pero esta plataforma las muestra en el feed en formato cuadrado, y muchas veces la composición original se ve afectada negativamente. A continuación te explico cuál es mi proceso para evitar que esto suceda y lograr que tu foto luzca tal cual fue tomada.

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